Con todos ustedes… Las cebras, la libélula y el mono. Que últimamente me ha dado por este anillo. Lo encontré en un Blanco Stock, como siempre, casi regalado. Creo que la libélula también. El mono soy yo, por si lo habíais buscado.
Hoy he vuelto a cambiar los muebles de mi cuarto. Ahora el sol me dará en la cara para despertarme. Dicen que activa la melanina. Esto sí que me lo creo. He dejado mi botella de vino “vestida” por Ion Fiz al lado del flexo. Esa que nunca abriré. Una montaña de diccionarios que no uso, tickets de la compra y libretas con dibujos en otro rincón y una figurita de Buda al lado de mi cama en vez del despertador, a ver si me transmite buenas energías. A éste lo he puesto al otro lado del cuarto, como técnica para levantarme (para todos aquellos a los que el sueño les cree una especie de inconsciencia profunda difícil de reanimar, como a mí. Probadlo, es irritable, pero funciona). Hace dos días lo había vuelto a mover todo de sitio. El feng shui, que no me ayuda nada. Bueno, en realidad es que me aburre ver todo siempre igual. Por lo demás, todo –no- en orden. Era mi día libre y he vuelto a descontrolar una rutina razonable, a perder el tiempo, a desvariar y a decir que iba a estudiar y no hacerlo.
Y mañana nochevieja… ¿Ya sabéis qué os vais a poner? Yo sí. Mi pijama de franela. Paso de celebraciones, que lo bueno viene con o sin champagne. Alguna copa no dudo en tomarme, aunque prefiera la sidra. Y no es que no me apetezca salir, que la verdad, me apetece bastante, pero no mañana. Además, odio los espumillones e intuyo que estará el mundo lleno. ¿Y por qué no hago más que decir cosas sin hilo conductor? Lo dicho, hoy es mi día libre.