Me gustan los domingos a las 12.00 de la mañana. Sobre todo cuando la noche anterior me lo he pasado genial y hoy me encuentro aún mejor. A pesar de la lluvia, que por un momento vivimos un flashback a Diciembre pensando que hasta nevaba por la intensidad, el color y la forma tan extraña en que llovía, fue una noche fantástica.
Juan celebraba sus 24 años. No su cumpleaños: sus 24 años. El lunes ya celebra su cumpleaños y el lunes ya le felicitaré. Aunque ayer ya lo hicimos, a pesar de que no quisiera. Es así de especial.
Preparó una fiesta estupenda, decorada con un gusto exquisito. En colores naranjas, con luces de velas bajas y música genial. Lady gaga, Madonna y Rihanna, nuestras favoritas de la noche. O al menos, las mías. El cuenco lleno de Lollypops a mí me entusiasmó. Y los trozos de naranja, que soy muy fan de ponérmelos en la boca a modo de sonrisa, también. Y lo mejor de todo: estaban todas mis amigas. O bueno, casi todas. Fue un “remember” de los nuestros. Cuando iba en el coche, con tan sólo pensar que iban a estar allí casi todas, en Madrid, no en el pueblo donde normalmente salimos a la misma terraza a tomarnos lo mismo, me emocioné de la ilusión que tenía por verlas. No soy nada de abrazos. Soy un poco despegada, más bien. Y anoche me apetecían abrazos y más abrazos. Y que no se acabase nunca o que no llegase la hora de irnos. Hablamos de todo, cotilleamos otro poco, eso que taaaaaaaaanto nos gusta, Juan puso revistas con sus portadas favoritas por toda la casa y yo estaba “felicérrima”. Me regaló sus dos favoritas de Vogue Italia, que a decir verdad, son ESPECTACULARES. De repente el baño se llenaba de maquillaje sin ton ni son y ante la pregunta: “¿pero nos vamos ya?”, tenía como respuesta un “no, pero da igual, me apetece maquillarme”. Y a mí eso me encanta. Son únicas y realmente especiales. Es que aún las recuerdo de pequeñas bailando las Spice Girls y ¡podríamos seguir haciéndolo ahora mismo! De hecho, que no se lo piensen dos veces porque enseguida se montan la coreo otra vez. Estuvimos viendo fotos de hace mil, esas que Juan guarda como tesoros y que saca los pasados estéticos más oscuros de cada una y la verdad, era para morirse de la risa. Benditos años que pasan. Por eso me gustan a mí los cumpleaños.
Después se puso a diluviar-granizar-nevar o yo que sé qué maldición desde el cielo mandó alguien y nos fuimos a algún local a bailar. Yo ya marché a casa porque los factores decidieron que ya era mi hora y ante eso no hay nada que hacer, porque por mucho que te esfuerces, si te tienes que ir, te tienes que ir, pero lo pasé francamente guay. Había llegado al “perfect!”. Como en las batallas del Tekken en la Play. Echaba de menos una fiesta así. Con ellas. Y ver tan feliz a Juan fue más un regalo para nosotras, que para él. Yo le regalé Playmobiles y sabía que le gustarían. Y creo que su cara decía que ha sido una gran fiesta de 24 años. Love u.
Y hablando de … (¿?) , el otro día cuando fui a H&M me topé con otro de los vestidos que ya tenía fichados y por suerte, estaba en rebajas y en mi talla. Y me vino a la cabeza la fiesta de Juan. Así que blanco y en botella, mi look del sábado. Así de claro. Y con purpurina.
¿Qué pasaba después….? Que yo los imagino al completo. Así, según veo un vestido, ya me hago en mi cabeza mi croquis completo. Y había un pequeño problemilla. El otro día, ordenando mi cuarto y mi colección de revistas me topé con el Vogue complementos de la primavera-verano 2009, el número 16, en cuya portada salían las Gucci que tantos sueños míos han protagonizado.
Pero no estoy de coña. Es totalmente cierto que he soñado con esas sandalias. El caso es que yo soñaba con ellas en rosa. Y al ir en búsqueda de una bolsa naranja para meter el regalo de Juan y que no desentonara con el ambiente (así somos de “¿?”), me volví a encontrar con la maravillosa Mary Paz, que cumple mis deseos cada vez que me la cruzo. Es como si fuera mi genio de la lámpara. Y me cumplió dos deseos la última vez, los zapatos de terciopelo azul y las sandalias de raso verde mar. Le faltaba un tercero. Y voilà. Mi clon de Gucci, más o menos, tal y como lo había soñado: en rosa.
Han pasado a ser el número 1 de mi colección, obviamente. Me gustan tantísimo que las tengo ahí puestas, encima de una torre de cajas, como si fueran un jarrón con flores o una escultura, para estar mirándolas todo el rato. Y ayer, como llovía tanto, tengo que decir que uno de los factores que hizo que fuera a casa (y sí, es turno de “eres lo más tonto que conozco, blablablá”, lo aceptaré todo), pasaba de que mis sandalias se estropeasen con el agua el primer día. También tenía sueño, estaba cansada y tenía hambre, como los bebés. Conste en acta.
De todas maneras, mañana-tarde-noche de sábado con nota de 11. Así sí me gustan los sábados. Ou yeah.
5 comentarios:
Tus sandalias son una pasada, y me encanta cómo las has combinado con ese vestido, que por cierto, te sienta de muerte.
Besos! ;)
Que bonita reunión! :)
Las sandalias te han venido como caídas del cielo, eh? jaja
Precioso el vestidazo!! ^^
Me encantan tus uñas (de manos y pies), tu vestido de H&M y tus sandalias! Vamos, redonda ;)
que preciosidad de sandalias! me encantan! el vestido también es lo mas!! que bien os lo pasáis...
me encantan las salndalias con el vestido (:
saludos!
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